Bueno, estreno del blog con una pequeña obra propia de hace unos años, a disfrute…


HISTORIA DE UN AMIGO DE UN AMIGO

Esta es una historia real, le sucedió al amigo de un amigo.
En un pueblo alejado, de una ciudad alejada, llamada Plaum. Nombre extraño, si, vivía Tony. Un niño, al que se lo suele encasillar de “normal”, bueno normales somos todos, eso no quieta algún que otro desliz, pero, ¿no es eso lo que nos define como normales?.
Tony ya estaba en tercero de secundaria, su último año en ese liceo, al próximo debería irse a la ciudad a culminar los años restantes. Pero para poder hacerlo era necesario un promedio algo significativo, para poder entrar en algún sistema de becas.
Dentro de sus materias favoritas Biología se llevaba el premio, su sueño era ser biólogo. Una vez encontró una cucaracha atrapada en una telaraña, y esa fue su mascota durante tres meses, Alberto le llamó, por razones que solo Tony entendía.
Durante las vacaciones de invierno, que en Plaum se conmemora el surgimiento de la ciudad, toda educación pública tenía una semana libre. “Libre” piensa Tony mirando por la ventana de su salón, “si nos van a encajar un montón de deberes”.
Llegada la dicha semana, y como supuso, Tony se vio envuelto en un sin fin de, experimentos, ejercicios, informes, y tareas que parecían nunca acabar.
-Bueno- se dijo al tercer día- si he de empezar por algo, que sea Biología. Esteeeee…- .“Tarea doble” pensó, “buscar el cuaderno” – ¡Acá estás!- agachándose para sacarlo de debajo de su cama.
-“Buscar un animal que llevado cinco o mas días de muerto presente signos de descomposición.”- Hizo una pausa, levanto la vista, como pensando, sonrió y siguió leyendo- “Llevar un claro informe que clarifique las diferentes etapas en dicho proceso”-.
-Ya sé- y salio corriendo de su cuarto- ¡Mamá! ¿No viste la rata que encontramos en la ratonera?
-Creo que tu abuela la tiró a la basura- y viendo que su hijo se fijaba en el tacho de la cocina agregó – pero esta en los contenedores de la vereda ¿Cómo vamos a dejar eso todo podrido acá?-.
-Tá, gracias- y salio corriendo, dejando a su madre con un gesto de preocupación, frente la extraña búsqueda de su hijo.
Ya en su cuarto Tony coloca el cuerpo sin vida de la rata en una caja de zapatos, la mira unos minutos y le coloca la tapa, ¿adonde ira a parar? Debajo de la cama, donde con suerte se acordará que ahí la dejo antes de volver a clases.
“Estado del experimento:…” empezó a escribir “el roedor que se decidió estudiar se presume sea una rata, también denominado ‘Orgius Comunis’, ya que posee una longitud de 19 cm y si bien carece de cola (ésta se perdió en una trampa para ratones), presentando además su color de pelaje característico marrón grisáceo.”
Mastica durante unos segundos el extremo posterior de su lápiz, “Se estima lleva muerto unos cinco días, notándose una clara descompoción, frente al intenso olor fétido y la presencia de un par de gusanos de color amarillo claro”. –Pronto, ahora a seguir con… ¿Matemática?, Biología seguiré mas adelante.
Terminada todas las tareas, en un tiempo mucho menor al que había pensado, metió todo nuevamente en la mochila, y agarrando el celular salio al patio.
-Si, ya hice todos los deberes,- decía por su móvil a Ricardo, su amigo- solo me queda lo de biología, ¿vos?… a pero lo de química igual te lo paso, veinte y trae la pelota, de acá llamamos a los otros y nos vamos al campito- “campito” era él lugar, ese que desde niños lo tomamos como propio, Tony se pasaba la mayor parte de su tiempo libre ahí, con amigos o simplemente solo, para pensar.

Los días pasaron, como en toda vacación a una velocidad que es difícil creer que es el mismo minuto a minuto que el que se pasa en clases. Al ultimo día, los ya memorizados sermones de su madre, “ordena el cuarto”… “¿tenés pronta la mochila?”… “los deberes están todos hechos, ¿no?”, a los que Tony se limitaba a responder “si”, “aha”, “ya voy”.
Luego de cenar, ya solo colocar los cuadernos en su mochila y a dormir, dormir para seguir. Reintegrarse a la rutina luego de una efímera saboreada de libertad, que injusticia, pensaba, mientras acarreaba los cuadernos desde los lugares más inimaginables. Pero había algo, algo que, además del desorden hacía tan inhóspita su habitación. Se olió la remera, miro el techo, y en una palpitación, se arrodillo frente a la cama trayendo hacia si la caja de los zapatos.
-Que olor, esto ya se pudrió del todo- agarro una bolsa, metió el cuerpo y llevando lo mas lejos que el brazo le permitía, camino hacia la cocina, dejando la bolsa en el congelador, agradeciendo que su madre ya se había acostado y no estaba allí para regañarlo- ahí te quedas, mañana te llevo clases, y que por lo menos me valgas un diez.
Ya en su cuarto y a regañadientes se sentó en su cama tomó el apenas informe de dos párrafos y comenzó a escribir, suponiendo las etapas que habría pasado la Rata en descomposición.

“Ring, ring” le despertó la alarma del reloj, de un sobresalto se levantó. Al sentir el ruido, miro hacia el piso. Sus ojos como platos era la evidencia de que se había quedado dormido con el informe en mano. Soltando palabras que, en un cuento no deberían ser escritas por cuestiones morales y de daño a la sensibilidad del lector, se cambiaba de ropa, mientras escribía algunas líneas y terminaba de aprontar los útiles de clases.
A una velocidad sorprendente, bajó las escaleras terminando de cerrar la mochila, y, entrando en la cocina gritando buen día, tomo unas tostadas y salio corriendo por la puerta trasera.

“Es una prueba del destino”, pensaba, “justo los lunes venimos a tener biología a primera”

-López.- Anuncio la profesora.
-Presente.-Grito Tomy sobresaltado.
-Muy bien te estamos esperando para que expongas tu informe.
-Muy bien.- dijo, levantándose y pasando al frente.-Elegí para mi observación a una Rata que encontramos en el galpón de mi casa.-Decidió que sería mejor no dar lectura al informe, sino hacerlo de formas oral y terminarlo en lo que le quedaba de clases, así que prosiguió. -Cuando empecé el experimento el animal llevaba muerto unos cinco días, creo. Durante los días siguientes le observe, notando como se descomponía primero la piel y luego la carne- mintió- haciéndose presente el olor a descomposición.
Al terminar, su profesora le felicitó, haciéndole un ademán para que sentase. –Muy bien, al final me dejas el informe en el escritorio con los demás.
-Méndez- vociferó al terminar de sentarse Tomy. Éste rápida pero discretamente, tomo su informe y siguió escribiendo: “Al ultimo día, el cuerpo…” esta parte será fácil, solo tengo describir como lo vi ayer “su pelaje, se encontraba levemente húmedo, sus ojos se habían reducido en tamaño y sus extremidades estaban entumecidas totalmente.”

Última hora, matemática, el día había pasado bastante rápido, una oleada de las vacaciones habría inundo el primer día.
“Riiiiiiiiiiing”, salió Tomy chocándose un par de sillas, mientras se despedía de sus compañeros, ya afuera montó su bici. Esperando llegar a su casa, miró su reloj, la una menos diez.
-Aaaaa, ya habrán terminado de almorzar. Bueno, si me apuro talvez aun este caliente.
En su casa, en la mesa, con el plato enfrente de él, tomó un cucharón bien cargado de guiso y se sirvió.
Aun con la túnica, y la mochila tirada a sus pies. Tomo una pieza de conejo, y empezó a comer a grandes bocados.

-Que lleno que quedé –dijo, mientras se levantaba para sacar una jarra de agua de la heladera. Al momento que entraba su madre en la cocina.
-¿Cómo te fue?
-Bien, le deje el informe, por suerte lo pude terminar. Aaaa no sé si sabias, tenía que hacer un experimento con un animal muerto, teníamos que observarlo y describir tipo informe lo que le iba ocurriendo al cuerpo.
-No, si nunca me dices nada –le reprochó su madre.
-Bueno bueno –le contestó, al momento que habría el congelador para sacra unos cubos de hielo. Notó que la bolsa con la rata no estaba, “le preguntaré, y si meto la mata, capaz que ya la tiro, y si le pregunto se acordará, y seguro me mea en reto”
-Eeeem, mamá –hizo una pausa – ¿no viste una bolsa que había en el congelador?
-No, pregúntale a tu abuela, ella fue la que mas anduvo hoy acá, yo me fui a hacer las compras.
-¡Abuela! ¿No viste una bolsa que había en el congelador?
La respuesta le vino desde la sala contigua, el living. –Si mijo, la usé en el guiso ¿No era el conejo que se trajo de la carnicería?
La piel de Tomy quedo blanca como la nieve, sus ojos se entornaron, y sintiendo como sí las entrañas se le prendiesen fuego y todo cuanto había comido empezara a hervir en su interior, de repente una fuerte presión en su boca, tan veloz que no le permitió impedir que un vomito amarronado con trozos de carne de un color oscuro le saliera a toda presión.

Esta es una historia real le sucedió al amigo de un amigo.
Y bueno a Tomy se lo puede ver hoy en día, tres años después, en la ciudad de Plaum en su último año de liceo. Es el quien se apronta su propia comida, todo a base de verduras, si se volvió vegetariano, y cada vez que su madre le manda la encomienda, le pide que nada de comidas.

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